DESPIDIENDO LA VIDA

Como todo viaje largo, la aventura inicia con las despedidas… esas que estás esperando que te preparen desde un mes antes, pero que cuando llega el día quieres aplazarlas.
Las mías empezaron el viernes pasado, 25 de julio para ser más exacta. Mis compañeros de trabajo me invitaron a Tin Tin Deo; un sitio tradicional de salsa en Cali. Creo que es el único lugar de la ciudad donde no me importa que cualquier desconocido me saque a bailar.
1. La noche transcurría como cualquiera de esas salidas en la que todos a tu alrededor parecen estar felices y enamorados con sus parejas y vos… obviamente sola!… Confieso que inicialmente puse mi ya tradicional cara de culo o como diría mi mejor amigo “cara de polaridad negativa”, pero después de varias copas de aguardiente el ambiente empezó a cambiar.
Para terminar de mejorar la noche, y después de estar pavoneándome por todo el lugar como pavo real macho, conseguí mi objetivo; toda la noche le había puesto el ojo a ese hombre, un poco mayor, con ausencia de nalgas pero definitivamente el mejor bailarín y por fin me sacó a bailar. Yo, que soy considerada por mis amigos como una gran bailarina de salsa no tuve nada que temer; metí barriga, saqué pecho, alargué cuello y puse mis brazos en posición perfecta. Iniciamos la coreografía y en cuestión de 3 segundos mi parejo seguía bailando salsa y yo me sentía bailando al carrusel de tantas vueltas que ese hombre me daba y yo no era capaz de seguirle el paso. Decidí mejorar mi posición, endurecer piernas, apretar nalga y seguir intentando, pero todo lo que hice fue en vano.
Para no transmitir más la frustración que sentí, dejémoslo en que este caballero NUNCA se volvió a acercar a mi mesa, aun no sé si fue un favor para el resto de mis amigas que no tuvieran que hacer el ridículo al bailar con él. Lo cierto es que el resto de la noche decidí bailarlo con gente normal, que estuviera a mi altura y déjenme decirles que solo mido 1.59.

2. Mi segunda despedida fue de sábado a domingo. Fuimos a una finca en el lago Calima en una combinación de parches que a la final salió muy integrado, la borrachera fue tal que el guayabo me duró hasta el lunes por la noche. Puedo decir que salí bien librada porque el martes al mediodía todavía había algunos tomando de sobremesa bonfiest.
La aventura de esta finca radicó en que todos volvimos a ser adolescentes, no faltaron los juegos para tomar donde en alguna penitencia tuve que ingeniármelas para recordar la precisión de las manos y sostener una cascada triple para luego beberla. Tampoco faltó el tradicional asado donde todos nos hacemos los bobos hasta que por lo general el nuevo y el gordito terminan haciendo la comida para todos.
Finalmente disfrutamos de un maravilloso karaoke de Ana Gabriel y terminamos en sendos abrazos y muestras de cariño (unos más que otros) viendo el amanecer mientras entendíamos que el licor había llegado a su fin y era hora de acostarse. La despedida había terminado.

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