Tu Enrúmbate y después Derrúmbate


Creo que tengo pocas cosas en común con María del Carmen Huerta.
No fui la típica rebelde, en mis años mozos nunca probé drogas, obviamente no me prostituí, ni deje de ir al colegio.
No era parte de la burocracia citadina ni frecuentaba zonas de tolerancia. Nunca me dijeron “mona” ni nunca tuve un pelo tan lindo como el de ella. Bueno no lo tuve mono pero si pelirojo –bello- y ahora con esto de la keratina hasta le puedo dar sopa y seco.
Mi familia y mis amigos siempre han sido importantísimos en mi vida, la muerte aún me asusta y la política me ha interesado siempre.
Lo que si tenemos en común es que la música marco nuestra adolescencia… en especial la salsa.

Mi primer encuentro de amor con la salsa ocurrió en una típica verbena de barrio. Recuerdo que mi vecina (hoy madrina de confirmación) estaba bailando con su esposo. Yo tendría unos 8 años y ver ese movimiento armónico en esa pareja llamo toda mi atención. Desde ese día no había Fey ni Menudo que valiera, yo lo que quería bailar era salsa!
Creo que hasta deje de frecuentar el súper club de la esquina donde montábamos coreografías con mis vecinas y donde todas nos peleábamos por ser Abel y poder cantar “Yo quiero bailar reggae”

Cambie La Super Estacion y La Mega por Olimpica Estereo y Fiesta Estereo (de hecho por la Voz de los Robles, estoy chicaneando que en Tulua entraban esas emisoras) mi nuevo ídolo era La India y de navidad solo quería que me regalaran traje de lentejuelas con sandalia plateada de tacón chiquito.

Cuando ya estuve en edad de merecer (merecer el permiso de mis padres para salir de rumba o en su defecto hacer fiestas afuera de mi casa) a eso de los 14 años, empecé a descubrir al Gran Combo, Tito Rojas,  Gilberto Santarosa. En esa época el merengue quería adueñarse de todo, pero yo muy fiel a mis principios y como acto de protesta me opuse rotundamente a bailar merengue en las fiestas de 15 años (Cabe resaltar que estaba permitido bailar Mayonesa, La bomba y cualquier coreografía) – Es que bailar merengue no tiene ciencia – decía yo y hacia mala cara.



Un poco más adelante, mi mejor amiga se consiguió un noviecito salsomano y ahí sí que empezó aún más mi viaje al interior de este ritmo musical.
Recuerdo que un día –con mi mejor amiga obviamente- al final de una fiesta me despedí de mi hermana mayor (a eso de las 5:00 AM ) y le dije que ya íbamos a tomar un taxi, pero camino a casa nos quedamos bailando salsa en una caseta de mala muerte hasta las 10:00 AM, cuando por fin llegamos un poquito prendidas y con zapato en mano, nos encontramos con mi mama y hermanas en la sala llorando (que exageradas!) Lo que ellas no entendían es que la música se apoderaba de nosotras y perdíamos noción del tiempo.

Los años fueron pasando y al igual que Maria del Carmen, yo fui cambiando de géneros musicales, tuve mi temporada de tropipop (puro Mauricio y Palo de agua), Ska (temporada de loquilla en el Desván), luego di  un triple salto mortal al reguetón (si yo sé, involucione pero es que es muy divertida) para terminar con Herencia de Timbiqui + un poquito de Rock ochentero (por cortesía de mi hermana mayor)
Hoy por hoy soy un salpicón indefinido de música pero aún me puedo levantar (o acostar) a las 6:00 AM al ritmo de Richie Ray y Bobby Cruz.

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“Tú, no te detengas ante ningún reto. Y no pases a formar parte de ningún gremio. Que nunca te puedan definir ni encasillar.
Que nadie sepa tu nombre y que nadie amparo te dé.
Que no accedas a los tejemanejes de la celebridad. Si dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos. Nunca permitas que te vuelvan persona mayor, hombre respetable. Nunca dejes de ser niño, aunque tengas los ojos en la nuca y se te empiecen a caer los dientes. Tus padres te tuvieron. Que tus padres te alimenten siempre, y págales con mala moneda. A mi qué. Jamás ahorres. Nunca te vuelvas una persona seria. Haz de la irreflexión y de la contradicción tu norma de conducta. Elimina las treguas, recoge tu hogar en el daño, el exceso y la tembladera.
Todo es tuyo. A todo tienes derecho y cóbralo caro.
No te sientas llenecita nunca.
Aprende a no perder la vista, a no sucumbir ante la miopía del que vive en la ciudad. Ármate de los sueños para no perder la vista.
Olvídate de que podrás alcanzar alguna vez lo que llaman "normalidad sexual", ni esperes que el amor te traiga paz. El sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la reunión de los tormentos. Nunca esperes que lograrás comprensión con el sexo opuesto. No hay nada más disímil ni menos dado a la reconciliación. Tú, practica el miedo, el rapto, la pugna, la violencia, la perversión y la vía anal, si crees que la satisfacción depende de la estrechez y de la posición predominante. Si deseas sustraerte a todo comercio sexual, aun mejor.
Para el odio que te ha infectado el censor, no hay remedio mejor que el asesinato.
Para la timidez, la autodestrucción.
Adonde mejor se practica el ritmo de la soledad es en los cines, aprende a sabotear los cines.
No accedas al arrepentimiento ni a la envidia ni al arribismo social. Es preferible bajar, desclasarse; alcanzar, al término de una carrera que no conoció el esplendor, la anónima decadencia.
Para endurecer la unidad sellada, ensaya dándote contra las tapias.
No hay momento más intenso ni angustioso que el despertar de un hombre que madruga. Complica y prolonga este momento, consúmete en él. Agonizarás lentamente y de berrido en berrido enfrentarás los nuevos días.
Es prudente oír música antes del desayuno.
Tú, disimula el olvido. Aprende a contemplar inconmovible toda génesis. Si te tienta la maldad, sucumbe: terminaréis por rodar juntas del mismo brazo.
Come todo lo que sea malo para el hígado: mango viche y hongos y pura sal, y acostúmbrate a amanecer con los gusanos. Créete ceiba, que también cría parásitos.
Tú, no te preocupes. Muérete antes que tus padres para librarlos de la espantosa visión de tu vejez. Y encuéntrame allí donde todo es gris y no se sufre. Somos muchas. Incomunica el dato.
Tú enrúmbate y después derrúmbate. Échale de todo a la olla que producirá la salsa de tu confusión”


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